miércoles, 23 de septiembre de 2009

Honduras en Golpe: ¿Por qué el garrote?

TOMADO DE “CUBA SOCIALISTA”, REVISTA TEÓRICA DEL P.C. DE CUBA.

Honduras en Golpe: ¿Por qué el garrote?

Por Felipe de J. Pérez Cruz

Honduras se encuentra entre los países más pobres de América Latina y el mundo. La pobreza alcanza al 62.9 por ciento de la población y más del 55 por ciento está desempleada. El 63 por ciento de las familias hondureñas sufren de desnutrición y miles de chicos viven en la calle. Por primera vez en la historia contemporánea del hermano país, un gobernante, el Presidente José Manuel Zelaya Rosales, estaba empeñado en un grupo de importantes acciones para cortar en sus raíces esa herencia de explotación y subdesarrollo.

Zelaya Rosales no se planteaba un proyecto personal. Había llegado a la convicción de la necesidad de incentivar la participación popular en la toma de las decisiones fundamentales del Estado. Precisamente, el domingo 28 de junio los hondureños irían a las urnas con el propósito de participar en una consulta popular. Pero en horas de la madrugada se inicia el Golpe de Estado. El Presidente Zelaya Rosales es secuestrado por efectivos del Ejército y expulsado a Costa Rica. Desde las primeras horas del Golpe, el escenario quedó bien establecido: de una parte la oligarquía apoya en bloque la acción de los militares; de la otra, el pueblo expresa su protesta. Los principales medios de comunicación masiva ejecutaron una vasta operación de silencio con el propósito de desconcertar al pueblo, confundir a la opinión pública internacional y permitir el avance y consolidación de la asonada militar

El funcionariado del Estado oligárquico -Tribunales, Fiscalía y Policía-, y la jerarquía de la Iglesia católica se manifestaron como parte del esquema golpista. El Congreso hondureño nombró como presidente del país a Roberto Micheletti -Presidente del órgano legislativo y ex candidato a la presidencia por el propio Partido de Zelaya Rosales- tras esgrimir una supuesta carta de renuncia del Presidente. El Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) respaldó la decisión legislativa: “No se está cambiando un Presidente por otro. Se ha logrado en un marco de unidad nacional, mantener la institucionalidad y el respeto a la Constitución y las leyes”, afirmaron los empresarios.

Desde los primeros momentos el pueblo hondureño rechazó el Golpe de Estado. Aunque parte de las garantías constitucionales fueron suspendidas, y se vivió en el país una especie de estado de sitio, decenas de miles de hondureños en Tegucigalpa y otras ciudades del país, salieron a las calles y plazas para respaldar el retorno del Presidente Constitucional. Las masas, con la armadura de su indignación y vergüenza, comenzaron a enfrentarse a las fuerzas conjuntas del Ejército y la Policía. Caen las primeras víctimas de la nueva represión fascista. Las detenciones se multiplicaron y en respuesta, las organizaciones populares convocaron a un paro nacional hasta el regreso del legítimo Presidente, medida que se mantiene hasta hoy.

Para justificar el Golpe de Estado las fuerzas de la oligarquía y el imperialismo apelan a un grueso expediente de acusaciones contra el Presidente José Manuel Zelaya Rosales. Se trata de un expediente espurio, fabricado a última hora, pero tales argumentos, aún si tuvieran una cuota de credibilidad, resultarían falsos para explicar las razones del cruento asalto militar. Realmente con la salida de Zelaya Rosales de la presidencia, se intenta cortar el curso histórico de un interesante proceso de cambios que se había iniciado en el hermano país.

Honduras

Desde la época del padre fundador Francisco Morazán Quezada (1792-1842) y sus luchas por los desposeídos, la historia de Honduras es una sucesión de represiones y traiciones de la oligarquía contra las masas trabajadoras, los campesinos y grupos originarios. Mientras el pueblo quedaba en las condiciones de mayor desprotección y explotación, los recursos naturales del país se entregaron primero a los capitalistas ingleses y después, definitivamente, a los monopolistas estadounidenses.

Honduras sufrió la intervención directa de los Estados Unidos (1907) y la invasión de los marines (1924), y fue durante el Siglo XX una colonia económica y política de las trasnacionales fruteras estadounidenses y en especial de la United Fruit Company. Al humor negro del escritor yanqui O. Henry, le debe esta nación el infame título de República bananera.

De una parte las dictaduras militares y de la otra, la alternancia bipartidista entre liberales y nacionalistas (conservadores): Este sería el mecanismo de control hegemónico de la clase oligárquica y el imperialismo estadounidense, para impedir cualquier cambio a favor de los intereses nacional populares.

A partir del Golpe de Estado de 1963 se sucedieron los gobiernos militares. Pero la llegada en 1982 de un gobierno civil fue en definitiva un pacto de clase entre los jerarcas militares –devenidos en grandes terratenientes y burgueses- y al oligarquía tradicional. Este pacto se institucionalizó con la actual Constitución. La labor represiva de las dictaduras se continúa con una etapa de terror, búsqueda y eliminación de grupos y elementos de la izquierda. La enorme influencia del Ejército y la doctrina “de Seguridad Nacional” se mantuvo intacta. No podía ser de otra manera, pues Honduras era en aquellos momentos la base para los ataques de los Estados Unidos contra la Revolución Sandinista y los movimientos guerrilleros de Guatemala y El Salvador.

A pesar de que la Constitución hondureña prohíbe la presencia de tropas extranjeras en su territorio, el país centroamericano continuó hasta hoy como base de contrainsurgencia de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Si en lo económico y político Honduras carecía de independencia real y estaba fuertemente aherrojada por las bananeras y transnacionales estadounidenses, en lo militar pasó a ser un país ocupado por el Pentágono, base además de una importante estación CIA, y retaguardia segura de los terroristas de origen cubano.

En los años noventa Honduras quedó a merced de las recetas neoliberales. La neocolonia bananera y minera, fue modernizada con el enclave maquilador y las políticas de privatización y desgravación arancelaria. Como resultado, unas pocas familias en connivencia con las transnacionales estadounidenses concentran más del 90 por ciento de la riqueza nacional, el poder político y los medios de comunicación.

La situación económica social del país se agudizó tras el paso en octubre de 1998 del huracán Mitch, en el peor desastre de la historia nacional. A las 10.000 muertes causadas por el meteoro y el 1.5 millón de damnificados y desplazados, se añadieron pérdidas materiales por más de tres mil millones de dólares.

Ante la latente explosividad social en Honduras, México y toda Centroamérica, los Estados Unidos crearon el Plan Puebla Panamá, amplio conglomerado de militarización geoestratégico, con finalidades eminentemente contrainsurgentes. La nueva modalidad de ocupación imperialista se completaba con la aprobación en mayo del 2004 del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA, por sus siglas en inglés). Un mecanismo de control y extorsión adicional que poseen los Estados Unidos en Honduras –y en Centroamérica toda-, es el de la inmigración y el envió de remesas, que representan más del 25 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de la nación hondureña.

Las primeras elecciones del siglo XXI, realizadas en el 2001, dieron el gobierno a Ricardo Maduro Joest, candidato del Partido Nacional de Honduras (PNH). La principal misión de Maduro fue satisfecha: a pesar de que el CAFTA viola diecisiete artículos de la Constitución nacional, fue aprobado.

El incumplimiento de las promesas realizadas por los conservadores, una galopante corrupción, el crecimiento de los movimientos de los trabajadores y campesinos y las luchas populares contra la aprobación del TLC, aconsejarían al imperio y la élite oligárquica, apelar al mecanismo de recambio a favor del Partido Liberal de Honduras (PLH).

José Manuel Zelaya Rosales

José Manuel Zelaya Rosales (1952), es un rico terrateniente que fue directivo del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) y presidente de uno de sus gremios más importantes, la Asociación Nacional de Empresas Transformadoras de la Madera (ANETRAMA). Afiliado al Partido Liberal desde 1970, empezó a desarrollar en las filas liberales labores orgánicas y representativas, hasta llegar a ocupar un escaño como congresista. En el ejercicio de sus funciones públicas se caracterizó por su entrega y honradez. La prensa burguesa de Honduras lo mostraba además como un buen padre de familia católica, con el don del hacendado campechano, aficionado a tocar la guitarra y montar caballos. Bajo este perfil Zelaya Rosales triunfa en las elecciones presidenciales del 27 de noviembre de 2005. Nada hacía suponer que fuera portador de una propuesta distinta a la de sus correligionarios de la oligarquía hondureña, ni que tuviera la valentía de trascender los marcos previamente fijados por el sistema de dominación

El accionar del Presidente Zelaya Rosales para revertir la crítica situación nacional y comenzar –aunque fuera tímidamente- a favorecer las necesidades e intereses de los sectores populares resultó, para el imperio y la oligarquía, una desagradable sorpresa. Comprometido con las necesidades de su pueblo, el Presidente hondureño se percató de que era imposible combatir la pobreza y la exclusión sin afectar los intereses de las corporaciones transnacionales y la clase oligárquica y capitalista. Entonces la gestión gubernamental del Presidente establecería un punto de giro [1], un rompimiento con la historia de sumisión al imperio norteamericano y al servicio a los intereses de las transnacionales y la oligarquía nativa.


El nuevo presidente se propuso la reducción del costo del petróleo, así como frenar el control expoliador de las transnacionales petroleras –Esso (ExxonMobil), Texaco (Chevron) y Shell-, que desde hacía décadas operaban en Honduras. Así mismo puso coto a la indiscriminada explotación de los bosques, que afectaba a las comunidades indígenas. Y aquí comenzaron los primeros cuestionamientos a un presidente “de la clase” –maderero por demás- que sin embargo afecta la libertad de empresa.


Zelaya Rosales comenzó por enfrentar el grave problema de las maras. Pero a diferencia del enfoque represivo prevaleciente, diseñó para la lucha contra el pandillerismo y el crimen organizado un enfoque más social, dirigido a resolver -en su raíz de pobreza y exclusión- esas y otras problemáticas de la marginalidad capitalista. Decretó el "estado de emergencia en el sistema de salud", y realizó la liberación de una millonaria partida de recursos para iniciar la recuperación de tan vital servicio. Redujo la tasa de interés de los créditos para las viviendas y aumentó el salario mínimo de los ciudadanos.


Las medidas puestas en marcha por Zelaya Rosales mejoraron la situación económica del país. A pesar de que el déficit en la balanza comercial con Estados Unidos se duplicó en el año 2006 como resultante directa del TLC, el país registró el más bajo nivel de inflación de los últimos 16 años. La política gubernamental comenzó a dar frutos en la lucha contra la pobreza – reducida en un 6,5 por ciento-lo que en números absolutos significó que 500 mil hondureños salieran de la pobreza durante su mandato.

Autodeterminación y soberanía

La práctica consecuente de la autodeterminación y soberanía, en un país donde estas categorías sólo adornaban los discursos, constituyó una osadía del Presidente Zelaya Rosales.

El 1 de abril del 2006 entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (CAFTA). Zelaya Rosales asume un hecho consumado, pero en sus declaraciones al respecto alertó sobre la real situación que se avenía “una lucha de David contra Goliat”, dada la debilidad de la economía hondureña. Urgía, en criterio de Zelaya Rosales, aprovechar las oportunidades que el CAFTA pudiera ofrecer, y a la par trabajar en otros acuerdos compensatorios.

Recién estrenado como Presidente Zelaya Rosales, en marzo del 2006, envía su primera misión a Venezuela para explorar posibles espacios de cooperación. Así, en su lucha por alcanzar la soberanía energética frente a las transnacionales, el presidente hondureño se acercó a Petrocaribe, iniciativa subregional perteneciente a Petroamérica, uno de los instrumentos de integración continental creados por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Así mismo Zelaya Rosales buscó la asesoría de Brasil para desarrollar la producción local de biocarburantes, particularmente etanol.

El 25 de agosto del 2008, Zelaya Rosales firmó en la Casa de Gobierno de Tegucigalpa el documento que convertía a su país de manera oficial en el sexto miembro del ALBA, en una ceremonia que contó con la presencia de los presidentes Hugo Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales y el entonces vicepresidente cubano Carlos Lage. Tras elevar un llamado al pueblo hondureño para que respaldara un "proyecto social de solidaridad entre países de América" que representaba "beneficios para los pobres", declaró superado el modelo neoliberal y se pronunció por un “liberalismo socialista, para que los beneficios del sistema vayan a los que más lo necesitan".

El 15 de septiembre, en su discurso institucional con motivo del 187 aniversario de la emancipación nacional de la Corona española, Zelaya Rosales presentó la entrada en el bloque bolivariano del ALBA como la "segunda independencia" de Honduras. Días después, en la Asamblea General de la ONU, el mandatario dijo basta a "más recetas y lecciones" del mundo desarrollado, porque no habían servido para eliminar la pobreza, y afirmó que el sistema capitalista estaba "devorando a los seres humanos". Un mes más tarde, a últimos de octubre, en su intervención en la XVIII Cumbre Iberoamericana, en San Salvador, pidió a los participantes una condena al "capitalismo insaciable".

La entrada al ALBA y la firma de acuerdos de libre comercio con Taiwán, Chile Panamá, y -en perspectiva- con Cuba, Perú, Brasil y Ecuador, expresaron con hechos la voluntad del Presidente Zelaya Rosales de diversificar las fuentes de intercambio comercial, económico y tecnológico, y liberarse de la prevaleciente dependencia del mercado y los compradores estadounidenses.

A escala regional Zelaya Rosales ganó respeto por su desempeño como presidente pro-témpore del Sistema de Integración Centroamericana en el segundo semestre de 2008. Bajo su dirección el bloque istmeño llegó a importantes acuerdos, atravesados por la lógica del enfrentamiento con los viejos lazos de sujeción a los intereses imperialistas, la superación de las barreras y prejuicios regionalistas, y la urgencia de frenar la incidencia de la crisis estructural del capitalismo en los países del área.

La política de Zelaya Rosales logró que cerca de 4.000 millones de dólares de deuda externa fueran condonados, y la llegada de combustible barato de Venezuela se tradujo en un mayor desahogo financiero del Estado y en una mejora de la calidad de vida de la población.

Frente al imperio

La decisión del Presidente Zelaya Rosales de buscar su soberanía energética lo colocó de inmediato frente al gobierno de George W. Bush, empeñado en defender a ultranza los intereses de sus transnacionales petroleras. La respuesta inicial del imperio va a ir por el camino de las presiones y críticas sobre elementos de corrupción, el tema migratorio y la ampliación del período de trabajo de los hondureños inscritos en el Estatus de Protección Temporal (TPS). Era el trato típico aplicado para “corregir” los escrúpulos de los gobernantes de turno; para ello, el Embajador norteamericano Charles Ford desarrolló el perfil interventor que tenía asignado, pero en el caso de Zelaya Rosales estas medidas no surtirían efecto.

El Emperador Bush, ante las denuncias del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz sobre la presencia del terrorista Luis Posada Carriles en los Estados Unidos y los pedidos de extradición del terrorista prófugo que realiza Venezuela, intenta salir del problema enviando al asesino a un tercer país. El Embajador estadounidense le hace la solicitud a Zelaya Rosales, pero éste la rechaza de plano. Ya en marzo del 2008, el Presidente hondureño anunció la apertura de las relaciones con Cuba.

Los crecientes vínculos del presidente centroamericano con los gobiernos de izquierda en Suramérica y Nicaragua, la entrada a Petrocaribe y el ALBA, la fraternal amistad que comenzó a consolidarse con el Presidente Hugo Chávez y la visita que realizó el Presidente hondureño a Cuba en marzo del 2008, su intercambio con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, las declaraciones de respeto para con el gobierno de La Habana, y sus críticas al bloqueo estadounidense contra el país antillano, fueron vistas con visible enojo por los oligarcas hondureños y convencieron al imperio de la necesidad de trabajar para aislar y destruir políticamente al líder hondureño. Frente a tales decisiones, sin dudas el Presidente Bush colocó a Zelaya Rosales bajo estricta observación.

Zelaya Rosales causa una nueva sorpresa con las declaraciones del 31 de mayo de 2008, en las que anuncia a los militares estadounidenses su próximo abandono de la base Soto Cano (la tristemente célebre base Palmerola de la guerra secreta contra Nicaragua y el movimiento de liberación centroamericano) pues esta sería en un futuro próximo utilizada para vuelos comerciales internacionales, y que la construcción de la terminal civil contaría con fondos del ALBA. Es muy posible que después de estas declaraciones el Gobierno de Bush acelerara sus planes desestabilizadores. Para coordinar los planes contra Zelaya Rosales se escoge a un hombre de toda la confianza del Presidente yanqui: Bush nombra Embajador en Tegucigalpa al cubano [norte]americano de extrema derecha Hugo Llorens. El flamante representante del imperio había sido el asesor principal de Bush -era director de Asuntos Andinos del Consejo Nacional de Seguridad en Washington-, cuando sucede el Golpe de Estado contra el Presidente Hugo Chávez. Llorens llega a Honduras en mal momento. El 12 de septiembre del 2008, el Presidente Evo Morales expulsa al representante de Estados Unidos en La Paz, por sus actividades de injerencia y Zelaya Rosales, en solidaridad, se negó a recibir las credenciales de Llorens. Ocho días después, el Presidente hondureño recibió al nuevo Embajador estadounidense y le expresó el malestar de su país “con lo que sucede con el país más pobre de Sudamérica”.

En noviembre 2008, el Presidente Zelaya Rosales felicitó a Barack Obama por su victoria electoral, clasificándola como ''una esperanza para el mundo''. Pero dos meses después, Zelaya Rosales envió una carta personal al mandatario estadounidense acusando a Estados Unidos de ''intervencionismo'' y llamando al nuevo gobierno a ''respetar a los principios de la no injerencia en los asuntos políticos de otras naciones''. Zelaya Rosales también solicitó ''revisar a los procedimientos de inmigración y la otorgación de visas como un mecanismo de presión”. Así mismo se pronunció porque ''la lucha legítima contra el narcotráfico… no fuera utilizada como una excusa para imponer a políticas intervencionista en otros países”.

De la alarma al Golpe Técnico

Al “impredecible” presidente José Manuel Zelaya Rosales, ya le quedaba muy poco frente al gobierno del país. Para noviembre de este 2009 estaban previstas las elecciones y en enero del 2010 abandonaría la presidencia. En un país donde la izquierda había sido exterminada y el movimiento popular recién comenzaba a rearticularse y ganar fuerza, nada hacía sospechar que las maquinarias de los partidos oligárquicos no fueran capaces de restablecieran su equilibrio de poder. Así la marcha de los acontecimientos políticos hondureños, parecía indicar que para los imperialistas y oligarcas las soluciones vendrían tras el fin del mandato de Zelaya Rosales. En estas circunstancias, el 22 de noviembre del 2008 Presidente anuncio una consulta popular, que puso en alarma al imperio norteamericano y a sus secuaces nativos.

Zelaya Rosales trataba de dar un primer paso para una futura convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente y a la reforma de la Constitución. La propuesta consistía en realizar una encuesta no vinculante que podría proponer, o no, un referéndum sobre la creación de una Constituyente, en lo que sería una cuarta urna de votación, en las próximas elecciones. De aprobarse, la consulta se realizaría posterior a la salida de Zelaya Rosales de la presidencia, por lo tanto no habría posibilidad alguna de reelección.

La sola mención a una posible constituyente aterrorizó a los oligarcas hondureños y puso en grave preocupación al imperio. La actual correlación de fuerzas en la región latinoamericana y caribeña, y en particular los triunfos de las fuerzas de izquierda en Nicaragua y El Salvador, y el alejamiento de las tradicionales posiciones oligárquicas del gobierno guatemalteco, hacían sumamente peligroso para la hegemonía imperialista cualquier intento en Honduras, de cambiar a través de una Constitución las bases institucionales del status quo conservador. Este era un camino ya transitado por Venezuela, Ecuador y Bolivia como parte sustantiva de sus procesos emancipadores. En este criterio desde los primeros momentos, las fuerzas de la reacción, orquestadas por la Embajada estadounidense, se empeñaron en sabotear la consulta, con el empleo de todos los métodos posibles, incluida la dinámica golpista.

Contra Zelaya Rosales se intensifica una fortísima campaña de descrédito y crítica ideológica, que polariza en su contra a la mayoría de la clase política hondureña, incluida la de su propio partido. Un ingrediente no despreciable es la actitud beligerante del poderoso Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), que se niega a cumplir el decreto de alza del salario mínimo. Si para lograr la aprobación en Congreso Nacional de medidas trascendentales como la entrada al ALBA, el Presidente había logrado el apoyo de la bancada liberal y al menos la abstención de parte de los nacionalistas, ahora el aislamiento llega a ser prácticamente total.

El 23 de junio el Congreso Nacional aprueba una legislación de última hora que prohíbe la celebración de referendos y plebiscitos 180 días antes y después de las elecciones. Amparado en esta normativa, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y la Corte Suprema de Justicia declaran ilegal la consulta del 28 de junio, y se amenaza con penas de entre 10 y 15 años de prisión para quienes la apoyen.

Zelaya Rosales destituye al jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Romeo Vásquez Velásquez, por negarse a distribuir el material para la encuesta. Como respuesta, el Ministro de Defensa y los Jefes de las tres ramas de las Fuerzas Armadas renunciaron, y la Corte Suprema de Justicia desconoce la autoridad del Presidente de comandar las Fuerzas Armadas y restituye en el cargo al general Vásquez. A su vez, en el Congreso comenzaron las maniobras para un juicio político, que declarara no apto al Presidente sobre la base de acusaciones de violación de la Constitución y el ordenamiento jurídico del país

El Plan B

Zelaya Rosales se percató de la gravedad de las maniobras que contra su gobierno se desarrollaban por parte del Tribunal y el Congreso, y con claridad denunció que estaba en curso un Golpe de Estado Técnico. Llamó a los presidentes latinoamericanos a solidarizarse con su gobierno, y solicitó el acompañamiento de la OEA. Fue en estos momentos cuando ocurre el hecho más audaz y trascendental de toda la presidencia de Zelaya Rosales: El Presidente convocó al pueblo a acompañarlo a la base aérea Hernán Acosta Mejía para sacar de ahí el material electoral decomisado por magistrados del TSE y fiscales del Ministerio Público.

Junto a una multitud popular Zelaya Rosales penetra en la instalación militar y recupera las urnas y boletas. De ahí manos populares se encargaran de llevar este material hasta los últimos rincones del país.

El sábado 27 de junio la directora ejecutiva del Proceso de Encuesta de Opinión, Fedra Tibot, informa que las 15 mil urnas instaladas en el país están listas para la consulta; en su distribución y cuidado han participado de forma voluntaria más de 45 mil hondureños. Por disposición presidencial las urnas serán custodiadas por organizaciones populares y la policía y no por el ejército.

La acción de las masas desconcierta y paraliza la maquinaria opositora. Zelaya Rosales considera conjurado el golpe de Estado técnico y llama al pueblo a participar en la consulta del domingo. Se equivocaba el Presidente Hondureño. Es evidente que no poseía todos los hilos del complot que sí manejaba el Embajador estadounidense en Tegucigalpa.

Con el pueblo defendiendo la consulta y Zelaya Rosales en movimiento dentro del país, el juicio político que preparaba el Congreso para destituirlo –el Golpe “técnico institucional”-, carecía de todas las posibilidades de victoria. Un escenario probable le indicaba a los conspiradores la radicalización de Zelaya Rosales, el aumento de su popularidad, y la profundización del protagonismo de los movimientos sociales y las organizaciones de izquierda. La dinámica golpista tuvo que optar por el “Plan B” y éste no podía ser otro que el de la abierta y desembozada asonada fascista. Se ve muy claro entonces como en el plan de tareas de los golpistas, la primera misión era la de secuestrar y sacar del país al Presidente Zelaya Rosales.

José Manuel Zelaya Rosales no es un “marxista”, ni un socialista revolucionario. En los Estatutos del Partido Liberal, en el apartado de Principios ideológicos, el artículo 6 “postula como principio fundamental la inclusión social y, por ende, se reconoce el crecimiento económico con equidad social como regla que debe regir la economía nacional; y debe presidir el ejercicio de las libertades económicas, de iniciativa, de inversión, de comercio, de competitividad, de contratación y de empresa, de modo que la producción económica responda a los conceptos de desarrollo sostenible, asegurando la distribución equitativa de la riqueza”. En buena ley, Zelaya Rosales quiso poner en práctica los principios ideológicos de su Partido, pero más allá de la letra, los burgueses liberales y la oligarquía hondureña no pueden ni quieren pasar. Saben además que el imperio no los perdonaría.

En países como Honduras la honestidad y consecuencia de los gobernantes puede llegar a ser para el imperio un indeseable disparador de la Revolución. Zelaya Rosales se convirtió en un Presidente dispuesto a emprender la ruta de la transformación social. En mucho, la conversión de Zelaya Rosales en un obstáculo para el status quo, es también un producto de los nuevos tiempos que recorren Nuestra América, de la presión popular en el marco de un renacer del movimiento emancipador continental.

Éste, por supuesto, que es un espacio en disputa: los intereses expoliadores no están dispuestos a ceder. Ahí está el porqué del garrote.

(Continuará)

[1] Sheyla Valladares Quevedo: Honduras: De pretextos y verdades, Rebelión





Honduras en Golpe: La democracia de garrote… y la zanahoria (II)

Por Felipe de J. Pérez Cruz

La deposición violenta, el secuestro y la expulsión del país del legítimo presidente constitucional de Honduras Manuel Zelaya Rosales, el 28 de junio pasado fue un operativo montado con plena complicidad de la Embajada y el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

La afinidad de los golpistas con el Pentágono es de vieja data. El jefe del Estado Mayor Conjunto, el General Romeo Vásquez, destituido por el Presidente Zelaya y actor principal en el golpe es graduado de la Escuela de las Américas. También lo es el Comandante de la Aviación de Honduras, General Luis Javier Prince Suazo, asiduo visitante de Palmerola.

El secuestro el mismo día 28 de la canciller hondureña Patricia Isabel Rodas Baca, tan activa en su solidaridad latinoamericanista, la violación de la integridad diplomática y física de tres embajadores de países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) (1), que protegían a la canciller, ratifica la direccionalidad del Golpe.

El cuartelazo en curso se enlaza con una serie de actos antidemocráticos y violentos realizados en la región en los últimos años por las elites locales, con el apoyo y dirección de los Estados Unidos. Entre ellos está el Golpe de Estado producido en Venezuela en 2002 y el intento secesionista de la oligarquía santacruceña del 2008 en Bolivia. Ahora con los acontecimientos hondureños se percibe muy cercano el peligro de la vuelta para Nuestra América, de los días en que las botas de los gorilas y oligarcas hacían su fiesta de traición y horror.

Las reacciones

La asonada golpista recibió la unánime crítica de la comunidad internacional. La Organización de Naciones Unidas (ONU), Unión Europea, Organización de Estados Americanos (OEA), el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) y otras organizaciones y países, condenan el golpe de Estado y el secuestro del presidente Manuel Zelaya, y solicitan la inmediata restitución del orden constitucional en la nación. A menos de 24 horas de estar los militares en el gobierno del país centroamericano, en hecho inédito, los mandatarios del ALBA se reunieron en Managua para brindar toda su solidaridad al gobierno legalmente constituido de Zelaya. Acordaron retirar a sus embajadores de Honduras, y apoyar el rápido retorno del Presidente hondureño a su país.

La Organización de Estados Americanos (OEA) actuó tardíamente. El 26 de junio cuando se desató el llamado por Zelaya golpe de Estado técnico, debía haber estado en Honduras, como lo reclamó el presidente hondureño. Ya ante los alegatos de los presidentes de los países del ALBA, el día 1º de julio entra en acción y fija un plazo de 72 horas al gobierno de facto para la inaplazable restitución del presidente Zelaya en su cargo.

Para los miles de telespectadores que asistimos –con el concurso inapreciable de TeleSur-, a las fuertes y convincentes declaraciones de los líderes del ALBA, nos quedó claro que Zelaya optó por el discurso más conciliatorio de la OEA, y confío en la crítica que el gobierno estadounidense había realizado a los golpistas. Bien conocía el Presidente hondureño que sin el apoyo yanqui, los usurpadores no podían resistir. Pero en realidad la administración Obama no pasaría de las palabras a los hechos.

Si el político Zelaya equivocó su apreciación, no lo hizo el patriota consciente de su responsabilidad histórica. Los cantos de sirena del imperio no le impidieron al Presidente reiterar su decisión de regreso a Honduras ese fin de semana.

Como era de esperar, los golpistas desconocieron la autoridad de la OEA y rechazaron el intento de hacerlos ceder por parte de José Miguel Insulza, Secretario General de la entidad que viajó a Tegucigalpa. Mientras, se aferraban al objetivo de ganar tiempo para aumentar su credibilidad y las posibilidades de represión y desgaste contra el movimiento popular. Para este propósito intensificaron la represión al movimiento popular y continuaron emitiendo órdenes de captura contra ministros y gobernadores de los departamentos, dirigentes populares y sindicales, así como a los dueños de televisoras y radios independientes.

Los golpistas con la explícita colaboración de CNN en español, la espuria Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y otros medios del aparato de propaganda imperialista emprenden su propia operación de contra-propaganda para insistir en la “legalidad” de la deposición de Zelaya. Cambian al espurio expediente de la renuncia de Zelaya, y problematizan el regreso del Presidente, instruyendo a la Fiscalía para que le levante numeroso cargos. Crean sus propias huestes de “masas” con contra-manifestaciones de los vecinos de los barrios de la burguesía y obligan a las trabajadoras y operarios semiesclavizados de las maquilas a secundarlos. A su vez, acusan a Venezuela, Cuba y Nicaragua de intervenir en sus asuntos internos. Una maniobra de autoagresión en la frontera es abortada con la oportuna denuncia del Presidente nicaragüense Daniel Ortega.

El 4 de julio la Asamblea extraordinaria de la OEA, que sesiona en Washington, suspende a Honduras de esa institución. En gesto solidario la presidenta Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y los presidentes de Ecuador, Rafael Correa Delgado y Paraguay, Fernando Lugo Méndez, junto a José Miguel Insulza, se brindan a acompañar a Zelaya en su regreso a la patria.

El día 5 Zelaya hace realidad su decisión de regresar, lo acompañan Miguel d´Escoto presidente pro témpore de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Patricia Rodas y otros acompañantes. Lo escoltan en otro avión los presidentes suramericanos, así como Insulza, que hacen escala en El Salvador a la espera de ver cómo se desarrolla la situación. Pero los militares impiden el aterrizaje del avión en el Aeropuerto Internacional Toncontín de Tegucigalpa.

Cientos de manifestantes que logran llegar hasta el aeropuerto para esperar a su presidente son fuertemente reprimidos y, como parte de una calculada contingencia de terror, dos jóvenes son abatidos por disparos de francotiradores.

La frustrada llegada del presidente legítimo a Tegucigalpa deja varias lecciones. Quienes usurpan y se aferran al gobierno en Honduras están dispuestas a impedir a toda costa la entrada de Zelaya Rosales al país. Tanta tozudez ratifica el temor que tienen a la presencia del líder. Ni siquiera se arriesgan a tenerlo prisionero dentro del país. Demuestra que la instrucción de falsos cargos es sólo una medida tendiente a una negociación en el exterior.

La impunidad de los golpistas, su desprecio por la integridad física y la vida de los manifestantes –aún a sabiendas de que no han podido neutralizar a Telesur y el episodio del aeropuerto Toncontín es seguido en vivo por millones de televidentes en América Latina y el mundo-, ratifica que se sienten acompañados, que el amo imperialista les ha asegurado su apoyo.

El “acompañamiento” del imperio

Las declaraciones de rechazo a los golpistas por parte del gobierno del Presidente Barack Obama no pueden confundirse. Del discurso a los hechos, si de los yanquis se trata, siempre media un gran trecho. Señales inmediatas lo fueron los subterfugios para no catalogar el acontecimiento como golpe de Estado.

La administración de Obama condenó la sedición militar de manera muy mesurada, clasificándola como una acción que estaba ''evolucionando hacia un golpe'', pero confirmando que legalmente no la consideraba como tal. Esta ambigüedad no fue fortuita. Permitió a los Estados Unidos cuidar su imagen “de rechazo democrático” y a su vez mantener la relación diplomática con el gobierno de facto y reconocerlo en la práctica. En caso de clasificar los hechos como un golpe de Estado, bajo ley estadounidense el gobierno de Obama estaría obligado a romper relaciones diplomáticas y suspender la mayoría de su apoyo económico y militar al país.

Las dudas sobre la posición estadounidense quedaron despejadas cuando se supo que el gobierno de ese país admitió que tenía conocimiento previo del golpe de Estado. En declaraciones a la prensa el lunes 7 de julio, dos voceros del Departamento de Estado comentaron que su Embajador en Honduras y un equipo de la diplomacia estadounidense “estaban en conversaciones” con los actores principales del golpe desde hace un mes. Esas “conversaciones” se intensificaron, cuando el embajador estadounidense en Tegucigalpa, Hugo Llorens, se reunió tres veces con los militares golpistas y los grupos civiles que conspiraban para tratar de buscar otra salida. The New York Times confirmaría que también el Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Thomas A. Shanon participó de los contactos con los golpistas. Entonces… ¿no pudo o no quiso Estados Unidos conjurar el golpe? ¿Por qué olvidar la recurrente Carta Democrática de la OEA? ¿Por qué no alertar al gobierno de Zelaya para que éste tomara las medidas pertinentes?

Cada día hay más evidencias de cómo el Embajador Llorens, coordinó el Golpe contra Zelaya, junto con el subsecretario de Estado Thomas Shannon y John Negroponte, quien trabaja actualmente como asesor de la Secretaria de Estado Hillary Clinton. Así mismo, Llorens aparece en estrecha relación con otros conspiradores procedentes del exterior, en particular con su amigo Otto Reich, antiguo miembro de la junta de la Escuela de las Américas, ex Subsecretario de Estado para América Latina durante el gobierno de Bush, de quienes se conoce que estuvieron en contacto permanente con los golpistas.

Sin dudas para el Embajador Llorens, el hombre de Bush en Tegucigalpa, nada había cambiado en enero del 2009 cuando Barack Obama asumió la presidencia del imperio. Sus órdenes y misión desestabilizadora quedaron en pie. Y aquel 28 de julio logra al fin con el concurso de los golpistas sacar del gobierno y del país al molesto Presidente Zelaya ¿Conocía el Presidente Obama lo que hacían sus representantes en Tegucigalpa?

Barack-Bush: Una comparación a tener en cuenta

Hay quienes no se percatan de la diferencia sustancial que existe entre las administraciones de Barack Obama y George W. Bush. Este último gobernó el imperio con el pleno respaldo de la mayoría de la elite de poder. Retoño de esa clase, nieto de quien amasó una fortuna en connivencia con los nazis, hijo de un espía mayor que llegó a Presidente (2), Bush fue precedido de una plataforma ideológico cultural ultra conservadora, que logró imponerse a escala social, y fue elevada a política de Estado tras los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2002. Bush, a partir de entonces, logró dar un inédito Golpe de Estado fascista a las instituciones y las libertades ciudadanas de la República del Norte, e impuso al mundo la voluntad guerrerista de los sectores más reaccionarios y criminales de la gran burguesía norteamericana.

Frente al creciente desprestigio del Emperador Bush, luego de sus errores y sobre todo su bancarrota moral y su fascismo desembozado e irresponsable, en la inmediatez de la crisis económica, un sector de la clase dominante –ni siquiera cerca del consenso de aprobación de su predecesor-, logró el balance imprescindible para lanzar y hacer triunfar la candidatura de Obama. No es extraño entonces que el actual Presidente carezca de liderazgo reconocido entre los que deciden el curso real de la política del Estado. Muchos lo desprecian por su origen de migrante africano, color de la piel y condición de hijo de clase subalterna (3). El hecho insólito de que un representante de los golpistas hondureños, el canciller de facto, se atreviese a insultar a Obama de negrito que no sabe nada de nada…ni sabe dónde queda Tegucigalpa”, es una buena pista para entender qué le transmiten sus aliados de la derecha estadounidense.

Obama hoy por hoy, sólo administra el imperio. A pesar el todo el superpoder que tiene un Presidente de los Estados Unidos sobre la vida y la muerte de millones de personas en el planeta, Obama es reo del gran capital financiero transnacional que es quien decide en el imperio. Es un ensayo de alternativa sistémica más “blanda” y edulcorada, mientras se reacomoda el poder.

No se puede olvidar que tras el discurso amable y las sonrisas del actual Presidente, trabaja un político del sistema imperialista. Su declaración en la Quinta Cumbre de las Américas (Puerto España, Trinidad y Tobago, abril del 2009), de abrir una nueva relación con América Latina pronto tuvo el mentís de la continuidad del asedio y el bloqueo a la nación cubana.

El presidente Obama y su Secretaria de Estado Hillary Clinton de hecho continúan los intentos de condicionar un pretendido diálogo con Cuba a “cambios” políticos internos. Sigue la guerra económica, la persecución de empresarios y los castigos a quienes desacatan el férreo bloqueo. Se ha intensificado el apoyo a los mercenarios que paga el imperio dentro y fuera del país, y Obama mantuvo a Cuba, como en los peores años de la histeria contrarrevolucionaria de Bush, en la lista prepotente e infame de los países que colaboran con el terrorismo. La señora Clinton hasta el último momento estuvo conspirando en la 39 Asamblea General de la OEA (Honduras, junio del 2009), para impedir la histórica resolución que puso fin al espurio acuerdo que en 1962 expulsó a la Mayor de las Antillas de la organización… ¿Quién puede asegurar que esa misma doble cara no se emplee ahora en Honduras? ¿Que el imperio apoye a los golpistas, pero evite responsabilizar directamente a Obama para no empañar su sonrisa de “nuevos tiempos”?

La trampa: La “negociación” de San José

El Presidente Obama y el Departamento de Estado no solo se negaron a catalogar la asonada hondureña como golpe. Desde el primer momento Washington introdujo el concepto de las "dos partes" involucradas y la necesidad de un "diálogo" para restituir el orden constitucional, legitimando de esta forma a los golpistas.

Fue evidente la negativa del Presidente del imperio y su Secretaria de Estado a priorizar una entrevistarse con Zelaya, con la oportunidad de la estancia del legítimo Presidente hondureño en el país del Norte para participar en la reunión de situación convocada por OEA, y después en la Asamblea General de las Naciones Unidas, invitado por el padre Miguel d´Escoto. En esos primeros días de julio muy poco interesaba al presidente estadounidense la situación en Honduras. Mientras el pueblo del país centroamericano resistía el golpe, el Presidente Obama celebraba la fiesta nacional del 4 de julio en la Casa Blanca, con familiares de militares y su propia familia. Habló una vez más de la importancia y el orgullo de "ser" americano y dar gracias por las cosas que ellos poseen. En tal ocasión sus temas giraron en torno a los grandes desafíos a los que se enfrenta el imperio: un planeta en peligro, dos guerras, recesión económica, las reformas que se están llevando a cabo, como la educativa y la sanitaria, y el objetivo de conseguir la independencia en el suministro del petróleo.

La señora Clinton se dignó a reunirse con Zelaya a la altura del 7 de julio. Terminada la entrevista la declaración de la Secretaria de Estado fue de hecho un espaldarazo a los golpistas: “Ahora que tenemos un proceso de mediación… no deseo prejuzgar lo que pueden acordar las partes. Hay muchos temas que tendrán que ser discutidos y acordados”. Y para no dejar dudas de la posición “conciliadora” de Washington, la Secretaria de Estado también habló personalmente, vía telefónica, con el usurpador Micheletti.

Horas antes Obama había declarado que defendía al presidente constitucional de Honduras no por simpatía personal, sino por un principio de defensa de la democracia. Y esta declaración coloca el análisis en otro eje: No se compromete el presidente del imperio con el regreso de Zelaya Rosales, sino con la vuelta del orden democrático. En este camino la restitución de la legalidad no significa, para Obama, la vuelta de Zelaya. En este punto de razonamiento, se entiende el apoyo de la administración norteamericana a la tesis liquidacionista de la anticipación de las elecciones que están fijadas para noviembre en el país centroamericano. Ello sacaría completamente del escenario al presidente Zelaya Rosales.¿Habría que preguntarse dónde quedó el acatamiento de los Estados Unidos a la posición acordada dentro de la OEA, explícitamente contraria a negociar con los golpistas, que incluso acordó suspender a Honduras como miembro del organismo?

Si existía alguna duda sobre la dirección de las declaraciones de la señora Clinton y su Presidente, la terrorista cubanoamericana y congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen se encargó de eliminarlas. Apoyó con rapidez la posición manifestada por la Secretaria de Estado: Esa es una mejor posición de la que teníamos hace 24 horas”, dijo. “Creo que es la posición correcta que tiene que adoptar el Departamento de Estado”.

El presidente de Costa Rica, Óscar Arias, no casualmente devenido en el eje de la “mediación”, aseguró que las conversaciones que sostendría en San José con el presidente Zelaya, y el gorila Micheletti, no serían "de igual a igual", pues la comunidad internacional no reconoce al gobierno golpista. Pero lo que en definitiva sucedió ese día fue el reconocimiento “de hecho” del gobierno usurpador. Poco importa que el protocolo en el aeropuerto, haya sido para el presidente legítimo. El delincuente y asesino Micheletti que debería ser detenido como delincuente internacional, fue recibido por Arias con la misma atención que Zelaya. Lo sustantivo es que se le reconoció como interlocutor válido. Lo demás sería un diálogo de sordos. Prepotente Micheletti ya había adelantado que él no iba a Costa Rica a negociar nada.

Las cartas en la mesa

Afortunadamente el presidente Zelaya salió rápido de la trampa y evitó sentarse en una mesa “de negociación” con el gorila Micheletti. Horas antes de partir para Costa Rica, tomó distancia del concepto negociador de la señora Clinton. Ofreció una conferencia de prensa desde Washington donde dijo que en San José no habría una negociación, sino que Costa Rica solo serviría como una "plataforma para la salida de las autoridades de facto y retorno del gobierno legítimo". Al distinguir entre negociación y diálogo Zelaya aportaba la definición exacta. Nada había que negociar con los usurpadores, aunque se hace imprescindible el diálogo para ver cómo se resuelve la situación de la entrega del gobierno y el retoro del legítimo presidente sin más violencias, represiones y muertes.

El encuentro entre los delegados de Zelaya y del régimen de facto de Micheletti culminó el viernes 11 de julio en San José tras dos días de deliberaciones, sin lograr la renuncia incondicional de los usurpadores y el regreso de Zelaya. Los golpistas ganaron más tiempo y regresaron a Tegucigalpa con la victoria de una interlocución sin haber cedido terreno. Después de este encuentro se evidenció aún más que la pretendida negociación es un camino muerto, pero el Presidente Arias impuesto de su misión imperial de “mediador” se adelantó a informar que “ambas partes volverán a conversar próximamente”.

José Miguel Insulsa por su parte refuerza el concepto de negociación al afirma que “hay un amplio margen para el compromiso" que lleve a un acuerdo entre Zelaya y Micheletti. La mención a tan distendida “amplitud” resulta una negación de los términos bien precisos del mandato acordado para la OEA. Preocupa que Insulsa -tildado de “chavista” por las furibundos medios de la derecha golpista-, haga en definitiva una vez más la labor que siempre le ha correspondido a la OEA, la de fiel vocera y ejecutora de las posiciones e intereses de Washington.

Los golpistas en lo fundamental afirman la “legalidad y constitucionalidad" de su acto vandálico, y se niegan a ceder el gobierno. Han declarado su interés por adelantar las elecciones y afirman que estas serían "transparentes", mientras Zelaya podría volver a Honduras solo si le dan amnistía. Se trata con ello de presionar a Zelaya para que negocie un regreso condicionado o un humillante perdón por las ilegalidades fabricadas por los usurpadores después que lo secuestraron y expulsaron de su patria. Como alerta Fidel en sus Reflexiones (4), tal acto significaría ante los suyos y ante el mundo su desaparición de la escena política. No sería comprensible que Zelaya admita ahora maniobras dilatorias que desgastarían las considerables fuerzas sociales que lo apoyan y solo conducen a un irreparable desgaste.

El presidente legítimo de los hondureños, hombre de probada honestidad política, cada día que pasa confirma la inobjetable realidad. Interrogado sobre la intensa propaganda diversionista alrededor de una pretendida injerencia del Presidente venezolano Hugo Chávez en su país, declaró: “El que tiene injerencia en Honduras es Estados Unidos”

NOTAS

1. En el ALBA asocian Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Honduras, Ecuador, San Vicente y las Granadinas, y Antigua y Barbuda. Paraguay ha anunciado su próxima integración.

2. Emilio J. Corbère: “Del abuelo nazi a la "Dictadura Mundial", www.soberania.info, Caracas, Venezuela, 24-03-03

3. Barack Obama: Dreams from My Father: A Story of Race and Inheritance. Times Books, 2004

4. Fidel Castro Ruz: Reflexiones de Fidel, Muere el golpe o mueren las constituciones, Cubadebate, sábado 11 de julio del 2009


Honduras en Golpe: La solución está en el pueblo (III)

Por Felipe de J. Pérez Cruz

Para muchos la batalla por la restitución del legítimo presidente de la hermana Honduras Manuel Zelaya Rosales parecía definirse fuera de Honduras. De buena fe esta consideración era errónea. Sabemos además quiénes y con qué fines apostaban a la dilatada solución de “mesa negociadora”.

La solidaridad –política y material- con el pueblo que resiste en Honduras y su presidente legítimo resulta muy importante, es un factor de primer orden para hacer fracasar el Golpe de Estado; pero la única vía para desalojar a los golpistas, prepotentes y seguros del respaldo imperial, está en Honduras. Cualquier alternativa con posibilidades de parar la estrategia de los Estados Unidos, pasa por la entrada del presidente legítimo a su país. Y Zelaya Rosales lo confirmó con su certera decisión de regresar y pelear el fin del Golpe desde suelo hondureño.

A Zelaya Rosales querían convertirlo en un presidente itinerante, condenarlo a un diálogo-negociación interminable e improductivo. Y en el mejor de los casos obligarlo a ser un presidente “perdonado” por los propios secuestradores de su dignidad y derechos. Estas son las opciones que manejó el Departamento de Estado del imperio y por ellas aún trabajan el Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y todo su sistema de agencias y aparatos de subversión y propaganda. Quien tenga alguna duda de la marcha de la estrategia imperialista, solo tiene que atender a la “imparcial” cobertura que CNN en español da los acontecimientos.

El movimiento social y revolucionario

Durante los años de la guerra secreta contra Nicaragua y los movimientos de liberación nacional en El Salvador y Guatemala, se intensificó la represión y cacería de comunistas, socialistas, nacionalistas y elementos progresistas en el interior de Honduras. La izquierda y el movimiento obrero y campesino revolucionario prácticamente fueron destruidos. La mayoría de las organizaciones sindicales y campesinas que sobrevivieron, fueron coptadas por el oportunismo, y se les encerró en el esquema de contrainsurgencia y represión al terrorismo y la delincuencia.

La reducida militancia comunista que a fuerza de heroísmo, logró salir de los momentos más críticos de la represión, no pudo rebasar el escenario de complejidad ideológica y política que sucedió a la derrota y desaparición de la URSS. El Partido Comunista se disolvió en 1990, y la mayoría de sus miembros se fusionaron con el Partido Renovación Patriótica, para trabajar por una más amplia concertación de izquierda,

El 29 de setiembre de 1992 del trabajo de concertación de la izquierda, surgió el Partido de la Unificación Democrática de Honduras, más conocido como Unificación Democrática (UD). Además del Partido Renovación Patriótica, integraron la nueva estructura el Partido para la Transformación de Honduras, Partido Revolucionario Hondureño, y el Partido Morazanista de Liberación Nacional. Fiel a su legado histórico, la UD se asume como abanderada de las clases populares específicamente de los sectores organizados en sindicatos, movimientos campesinos, organizaciones magisteriales, defensores de los derechos humanos, entre otros. En 1997 por primera vez este partido participó en la contienda electoral.

Iniciada la década del 2000, el movimiento popular hondureño volvió a manifestar síntomas de resurgimiento. Nuevos modos de resistencia comenzaron a manifestarse dadas las realidades del país. Los trabajadores bananeros columna vertebral del sindicalismo histórico casi habían desaparecido y hoy son una minoría, la incipiente clase obrera industrial fue sustituida por los –y las- trabajadores de las maquilas, mientras las poblaciones de regiones geográficas antes marginadas, cobran un inusitado protagonismo, frente a la codicia de las transnacionales. Entonces el abanico de luchas se amplio: La defensa de las conquistas laborales se une a las demandas de los trabajadores y comerciantes informales, el resurgir de las luchas étnicas, por la satisfacción de necesidades básicas en las comunidades, la defensa de los bosques y ecosistemas marinos, contra leyes privatizadoras, y en oposición a los tratados de libre comercio. Así aparecen diferentes “embriones” de organización y lucha: Nace en el 2001 el Bloque Popular, y luego en el 2003, la Coordinadora Nacional de la Resistencia Popular. Miles de trabajadores salen a las calles a protestar dirigidos por estas organizaciones.

En la Zona Occidental del país trabaja la Alianza Cívica por la Democracia. Los indígenas han desarrollado sus luchas desde la Confederación de Pueblos Indígenas de Honduras – COPINH-. Los pueblos garífunas de la costa hondureña están en pleno combate contra los empresarios que intentan apoderase de su tierras. En la zona sur el Comité para la Defensa del Ambiente en el Golfo de Fonseca (CODEFAGOLF) mantiene su lucha por detener la destrucción de los manglares y otros daños causados por las empresas camaroneras. Los estudiantes por su parte han revitalizado el movimiento estudiantil medio, y la Federación Nacional de Estudiantes de Secundaria (FENAESH), se ha constituido en un importante eje movilizador contra la falta de maestros, la privatización de los centros y la deficiente educación que se imparte en el país.

Del combate contra el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (CAFTA, por sus siglas en inglés) salieron fortalecidas las organizaciones del movimiento popular y revolucionario. El país revivió un clima de movilizaciones obreras y campesinas, paros sindicales, tomas y asambleas, que aunque no lograron parar la aprobación del tratado imperialista, si demostraron el avance y reconstitución de la izquierda, y contribuyeron a concientizar al pueblo hondureño acerca de los efectos negativos del TLC. Dieciocho mil firmas de patriotas hondureños que votaban contra el TLC, fueron recogidas y entregadas por el Bloque Popular-Coordinadora Nacional de Resistencia Popular al Congreso de ese país.

En las elecciones del año 2005 la izquierda del Partido Unificación Democrática, avanzó con la elección de cinco diputados nacionales. Durante los primeros 32 meses de gobierno de Zelaya Rosales, la administración enfrentó, cuando menos, 722 conflictos sociales de diversa magnitud, incluido los paros cívicos nacionales de 2008, que paralizaron al país por demandas como el control de los precios de la canasta básica, la no municipalización de los proyectos de agua potable y la aprobación de un aumento general de salario[I].

El movimiento social y político hondureño, tal como ocurre en toda Latinoamérica y el Caribe, no es solo un producto espontáneo de las actuales circunstancias. En sus activistas y promotores es sustantiva la militancia histórica de las organizaciones que acompañaron las luchas pasadas, son unos veteranos de aquellas batallas, otros hijos que sintieron la represión en sus familias y vidas. Estas peculiaridades explican la rápida radicalización política de los planteamientos y por qué el liderazgo del movimiento lejos de circunscribirse a la lucha por reivindicaciones inmediatas, posee una visión de cambio social profunda.

El notable avance de los movimientos sociales y populares en Honduras no está exento de retos. La debilidad del movimiento en el país –y en la región-, radica en la superación de las problemáticas de la unidad. Los viejos fantasmas –y otros nuevos- que fracturaron la izquierda histórica no han desaparecido. Falta la construcción colectiva de un eje ideológico con capacidad de unificar y cohesionar a todos los sujetos comprometidos con la lucha. Tal déficit se ha reflejado en problemas de organización, comunicación y sobre todo de coordinación.

Zelaya Rosales y el movimiento

La ratificación y entrada en función del TLC con los Estados Unidos en medio de fuertes protestas populares, no auguraba de inicio una buena relación de Presidente Zelaya Rosales con los movimientos sociales y la izquierda. Por demás el arribo de un nuevo gobierno no cambió la naturaleza del Estado centroamericano. Los cuerpos policiales y tribunales, continuaron manifestando su función represiva y antipopular contra la protesta social.

El cambio comenzó a realizarse cuando por primera vez desde la Presidencia de la República, se tomaron medidas para frenar la impunidad de los poderosos. El nuevo presidente se opuso a la política hasta ese momento seguida de criminalización de las reivindicaciones, y promovió un clima de diálogo y respeto con los sindicatos, organizaciones campesinas y pueblos originarios., Cuando Zelaya Rosales resolvió a favor de los maestros su demanda de cumplimiento del estatuto del docente como derecho adquirido y conquista laboral, envió un mensaje importante sobre su posición. El Presidente hondureño reiteró el estatuto y lo calificó como justo, razonable y meritorio para los educadores.

En un primer momento, las posiciones políticas de Zelaya Rosales no fueron bien recibidas por el movimiento popular hondureño. Con toda lógica se desconfiaba de aquel terrateniente que manifestaba un contradictorio discurso en el que el liberalismo de clase tradicional, se deslizaba a veces hacia discursos de izquierda. Los acercamientos a la Revolución Bolivariana de Venezuela, al Presidente Hugo Chávez y a los mecanismos del ALBA fueron percibidos como movidas pragmáticas para un gobernante carente de recursos y financiamiento. Pero la marcha de los acontecimientos, la constatación de que Zelaya Rosales si estaba dispuesto a pasar del discurso populista a las acciones concretas, fue abriendo espacio a una evaluación de apoyo por parte del movimiento popular.

Cuando en mayo comenzó a agudizarse la campaña contra Zelaya Rosales, el Bloque Popular se alineó definidamente junto al Presidente: “Manifestamos al Pueblo Hondureño que a la oligarquía y a las transnacionales no les preocupa la reelección o el continuismo, lo que les preocupa es que con una nueva constitución perderán sus privilegios de dominación sobre el trabajo y apoderamiento de nuestros recursos naturales, servicios públicos y mercados para seguir obteniendo ganancias multimillonarias y atentando contra nuestra soberanía e independencia. Es por eso que hacemos este llamado a todo el pueblo para que apoye la consulta popular”[II].

Los movimientos sociales -reivindicaba Rafael Alegría, coordinador de la Vía Campesina Centroamericana- tenemos el derecho de construir un nuevo ordenamiento jurídico que favorezca a todos los sectores sociales del país que siempre han estado excluidos y marginados. Por lo tanto, nos pronunciamos en favor de la consulta popular. La nueva Constitución debe servir para refundar el Estado y darle todo el poder al pueblo, que es el soberano”[III].

La relación de Zelaya Rosales con los actuales gobiernos y líderes revolucionarios y progresistas del área latinoamericana, sin dudas le permitieron estudiar y aprender en las experiencias de otros pueblos, y le proporcionó la posibilidad de nuevas confrontaciones ideológicas fuera del estrecho y direccionado marco proyanqui de la oligarquía hondureña, más allá de la jerarquía burguesa y anticomunista del Partido Liberal. El expediente sobre una pretendida intromisión venezolano-cubano- nicaragüense en los asuntos internos hondureños, la irrespetuosa caricaturización de Zelaya Rosales como marioneta de Hugo Chávez, reflejan el odio de clase contra quien ha avanzado hacia una cosmovisión de comprometimiento con los destinos de su pueblo. Es por demás una evaluación que porta todo el desprecio y la subvaloración de la élite dominante contra su propio pueblo.

No es en el exterior del país donde Zelaya Rosales definitivamente ha crecido como conductor de un proceso de cambios. La historia reciente –y hasta hoy-, nos coloca en la realidad de liderazgos gubernamentales que manifiestan un discurso y posicionamiento internacional a la izquierda, mientras administran una política decididamente neoliberal dentro del país. Este no ha sido el caso de Zelaya Rosales.

En un país en el que los dos principales partidos se distinguen sólo por el color de sus emblemas, las organizaciones populares han apostado por la construcción de una nación realmente diferente, que abandone la ruta del neoliberalismo. Y la conversión del presidente de los ganaderos y oligarcas, en el Zelaya Rosales del cambio, es resultado de su compromiso con la lucha popular, del crecimiento del movimiento social y revolucionario en Honduras. Los hondureños y hondureñas, en el camino de las nuevas rebeldías, hicieron de un presidente honrado, un político distinto al que llegó al poder.

Zelaya Rosales ganó pueblo y a la vez perdió a sus amigos de la cúpula del Partido Liberal; a sus aliados del Congreso de la República, en el sistema judicial y más aun de los cuerpos castrenses de esa nación. Hasta la curia lo criticad. Y tal realidad no ha pasado inadvertida para el pueblo. Las masas humildes de Honduras, como en todas nuestras naciones, poseen una especial sensibilidad para apreciar, más allá de los discursos y el carisma, el valor simbólico de las acciones de los gobernantes. Y la valentía de Zelaya Rosales, el demostrado compromiso con los pobres, se convirtió en admiración, respeto y consenso. En emulación de hacer y compromiso de participación en el cambio propuesto. Y ese a no dudar es el motor moral que hoy sostiene la resistencia.

El Golpe contra el pueblo

Sin dudas los entretelones del Golpe de Estado pueden encontrarse desde los primeros momentos en que las fuerzas de la reacción, orquestadas por la Embajada estadounidense, se empeñaron en sabotear la consulta popular, con el empleo de todos los métodos posibles. Pero la discutida consulta no sería la causa de última instancia para el Golpe en su forma más descarnada de asonada militar.

El eje Zelaya Rosales-movimiento popular y revolucionario, que quedó establecido en el enfrentamiento a las primeras dinámicas golpistas y en particular en la acción de masa para la recuperación de la urnas y boletas embargadas en la base aérea Hernán Acosta Mejía, fue precisamente el dato que aterrorizó al imperio y los oligarcas y precipito la opción militar por parte de los conspiradores.

El Embajador estadounidense Hugo Llorens, experimentado golpista de la escuela del expresidente fascista George W. Bush, tenía aún muy nítida la mecánica de la asonada fascista contra el Presidente Hugo Chávez en el 2002. El por entonces director de Asuntos Andinos del Consejo Nacional de Seguridad en Washington, había aprendido en Venezuela, lo que eran capaces de hacer las masas populares cuando se sentían comprometidas con el liderazgo presidencial. El imperio que Llorens representaba, no se arriesgaría esta vez.

La paralización jurídica de la consulta y el juicio político contra Zelaya Rosales que tenían prefabricado desde el Congreso, corrían el riesgo de fracasar ante la capacidad movilizativa del Presidente. Con las masas en las calles, la dinámica de radicalización del proceso político resultaba impredecible. El secuestro del Presidente y su expulsión del país se hizo por tanto imprescindible. Más que una medida contra Zelaya Rosales, fue un golpe contra la movilización y radicalización del pueblo.

No hay acción importante realizada durante el Golpe de Estado y después, que no esté dirigida a desmovilizar al pueblo y separarlo de Zelaya Rosales. La represión y el terror fue lo primero y continúa hasta hoy. El regreso del presidente condicionado, fue el expediente obligado ante la vitalidad de la protesta de los patriotas hondureños. La intensión del gobierno de los Estados Unidos y su aliado Oscar Arias, de darle largas al asunto a través de una mesa negociadora con los usurpadores, fue la estrategia asumida. La instalación de un gobierno de reconciliación nacional, junto con una amnistía política, es la fórmula mediatizadora que pretende hacer triunfar Oscar Arias. El anuncio del gorila Micheletti de renunciar a cambio de que Zelaya Rosales no regrese, es la última y más desesperada propuesta en la dirección señalada. Como alerta Fidel en sus Reflexiones[IV], se trata de destruir la credibilidad de Zelaya Rosales ante los suyos y ante el mundo para precipitar su desaparición de la escena política.

Las masas en acción

Apenas conocida la noticia del Golpe de Estado el 28 del junio dirigentes populares y miles de personas se concentraron espontáneamente frente a la Casa Presidencial para exigir el retorno de Zelaya Rosales y repudiar a los golpistas. Comenzó un heroico enfrentamiento de masas donde la protesta cívica y la desobediencia civil, se inscribieron como poderosas armas de combate patriótico, frente a un ejército y cuerpo policial que actuaban con impune criminalidad, como ejército fascista de ocupación.

La Embajada yanqui y sus acólitos del Golpe de Estado, no previeron una reacción popular como la que enfrentaron desde las primeras horas. Lejos de lograr desmovilizar las manifestaciones de repudio, el movimiento antigolpìsta fue creciendo en extensión y organización en Tegucigalpa y a lo largo del país.

La historia prueba que cuando más se cierran los caminos a los pueblos, se abren entonces más puertas a la búsqueda de soluciones. Lo que en otras circunstancias demora, ante las urgencias patrióticas se precipita. Y el Golpe de Estado del 28 de junio pasado, ha dejado también un saldo de lucha y cohesión para el pueblo hondureño.

Con la experiencia ya acumulada por las luchas del movimiento social y revolucionario, del Bloque Popular, la Coordinadora Nacional de la Resistencia Popular y otras agrupaciones populares de izquierda, el propio 28 de junio se produjo el primer comunicado del Frente de Resistencia Popular contra el Golpe de Estado: “… nos hemos organizado… con carácter nacional y permanente en coordinación con todos los municipios del país, para crear una resistencia activa y pacífica con el fin de restituir el orden constitucional y el respeto a los derechos humanos”[V]. El Frente unió a dirigentes de centrales sindicales, campesinas, estudiantiles, juveniles, organizaciones sociales, indígenas, garífunas y otras. Desde su surgimiento se fue perfilando como la más amplia articulación lograda por el movimiento social y revolucionario hondureño.

El Frente y la lucha antigolpista contó con el aporte del Partido Unificación Democrática, único partido político hondureño que apoyó al depuesto Manuel Zelaya tras el golpe. La diputada Silvia Ayala de la UD, denunció el mismo día de la asonada -a través de Venezolana de Televisión-, lo falso de la información sobre la unanimidad en la elección de Micheletti, pues los congresistas de UD no fueron convocados para las sesiones del Congreso por estar opuestos al golpe, Así mismo dio evidencias de la persecución de que eran objeto los legisladores, dirigentes y militantes de su Partido y de los movimientos y organizaciones opuestos al gobierno usurpador[VI].

En Honduras se reeditó el conocido esquema de represión fascista. La arremetida violenta del Ejército y los cuerpos policiales contra el pueblo inerme que protesta, los actos premeditados de terrorismo -el asesinato de Isis Obed Murillo por francotiradores el día 5 de junio en el aeropuerto de la capital-, los apaleamientos y detenciones. Así mismo el intento de ilegalizar y neutralizar los liderazgos de la oposición con órdenes de detención y captura contra ministros, líderes políticos, dirigentes y activistas de base. No ha faltado el asesinato político –selectivo- en los casos del conocido activista de UD y del Bloque Popular Roger Iván Bados, luego de ser asaltada su casa, en San Pedro de Sula. Y de Ramón García también militante de UD en el departamento occidental de Santa Bárbara, que fue masacrado luego de ser obligarlo a abandonar el ómnibus en que viajaba.

Los métodos terroristas no dieron el resultado esperado. No solo están en las calles los curtidos activistas conscientes de que Zelaya Rosales es un presidente dispuesto a emprender la ruta de la transformación social. A nivel de base, de pueblo, se fracturó la hegemonía ideológica de la oligarquía, y muchos de los que secundan las acciones de resistencia son hombres y mujeres que hasta hace solo unos días, estaban bajo el influjo de la propaganda oligárquica contra Zelaya Rosales. Sin dudas el movimiento antigolpista cambió, desde abajo, la correlación de fuerzas y creó una situación inédita.

La posición de las bases liberales incorporadas al movimiento de resistencia, las críticas hacia el liderazgo de derecha de la organización, ha empujado aparte de la dirección del Partido Liberal a definirse contra el golpe. Las bases del Partido Liberal, se declararon el 14 de julio en asamblea general, y exhortaron a los militantes de esa organización política a reunirse en directorio en todas las alcaldías, aldeas y pueblos de la nación, para juntos condenar el Golpe de Estado militar y el gobierno dictatorial, y para solicitar la expulsión de Micheletti y del candidato presidencial Elvin Ernesto Santos. Tal posición ya era sostenida por un grupo de legisladores que no apoyaron la imposición de Micheletti en la presidencia[VII].

Frente a la negociación propuesta por Washington en Costa Rica, el movimiento antigolpista ha reaccionado con claridad. No se compró el discurso de que ese era el camino de la solución, ni suscribió el concepto de “negociación”. Exigió que se le tuviera en cuenta y en tanto que se le reconozca primero que a los golpistas, protagonismo y legitimidad como sujeto principal en cualquier diálogo. Esta es además la posición del Partido de la Unificación Democrática que manifestó su decisión de participar en la llamada mediación con las claras premisas de que Manuel Zelaya Rosales sea restituido en la presidencia, se castigue a los golpistas y lleve a cabo el proceso para la creación de una nueva Carta Magna.

Pasados veinte días y más, está demostrada la vitalidad de la resistencia popular, y nada permite pensar que decaerá en el futuro próximo. Ya a esta altura de los acontecimientos de resistencia, se hace evidente que de la espontaneidad se ha pasado a la organización. El Frente de Resistencia Popular contra el Golpe de Estado ha logrado aglutinar a la inmensa mayoría de la oposición. Las estructuras de izquierda y organizaciones populares, han pospuesto o resuelto en la propia lucha deferencias y debates. Se parecía una unidad de conducción y coordinación, organización. Hay mando interno y capacidad de respuesta política.

El desenlace

El 14 de mayo, Zelaya Rosales con plena conciencia de la inutilidad de la mediación que le proponen en San José, llamó a los hondureños a la “insurrección” para restituirlo en el gobierno de ese país. “No habrá perdón para los que me derrocaron” afirmó el Presidente hondureño. El mandatario ese día emitió un ultimátum para que los golpistas le entregaran el gobierno en ocasión de la reunión que para el sábado 18 había convocado Arias en su misión de mediador.

A pesar del cerco mediático, la fuerte declaración de Zelaya Rosales –que volvió a calificar de criminales y terroristas a los usurpadores-, tuvo una inmediata repercusión dentro del país. Las fuerzas populares del Frente de Resistencia Popular contra el Golpe de Estado acordaron reforzar su lucha por el restablecimiento del orden constitucional y el regreso del Presidente Israel Salinas, de la Confederación Unitaria de Trabajadores de Honduras (CUTH), confirmó que después de este llamado, la respuesta de resistencia se intensificó[VIII]. Miles de sindicalistas, obreros de maquila, amas de casas, campesinos, zapateros, tortilleras, líderes de las centrales obreros, miembros del Partido Unificación Democrática (UD), patronatos, vendedores ambulantes y maestros, toman las carreteras principales del país en puntos estratégicos para presionar al gobierno de facto para que deje el poder.

Para los golpistas la situación continúa deteriorándose dentro de las propias filas que los compulsaron y apoyaron. Se sabe de las reuniones entre empresarios dedicados a servicios, comunicación y exportaciones primero golpistas, que hoy buscan una salida negociada que incluiría dejar entrar a Honduras a Zelaya. También han aparecido señales sobre sectores militares -algunos jefes intermedios de las fuerzas armadas y la policía- que han mostrado su inconformidad con el golpe. Otros temen ser acusados como los únicos culpables de los acontecimientos.

Mientras crece la posición, los golpistas preparan nuevas operaciones de terror. En la edición del jueves 16 del diario El Heraldo de Honduras, se indicaba la existencia de un denominado “Plan Caracas”, por el que se insistía en la noticia de que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez pretendía desestabilizar el país mediante acciones armadas de grupos irregulares, ligados al narcotráfico o provenientes de Nicaragua[IX]. Sin dudas los referidos infundios mediáticos buscan justificar eventuales ataques de militares y policías contra campesinos y dirigentes del movimiento social hondureño. Se hace evidente que el ambiente de zozobra, terror e incertidumbre, que intentan crear en el país los medios al servicio de los usurpadores, es una acción de guerra psicológica con el objetivo de desalentar el regreso de Zelaya Rosales, impedir la huelga general nacional y si es necesario el paso de la resistencia pacífica a la rebelión armada.

Como era de esperar el diálogo del sábado en Costa Rica fue un nuevo fracaso. El Presidente Arias presentó una llamada Hoja de Ruta de siete puntos para la solución del conflicto, que pasaba por la restitución en el cargo de Zelaya, con condicionamientos inaceptables para el pueblo hondureño. Entre ellos se incluía la declaración de una amnistía general para todos los delitos cometidos antes y después de la asonada y la renuncia a la propuesta de realizar una consulta en torno a una futura reforma constitucional. Ni con esta salida maniatada estuvieron de acuerdo los golpistas. Reafirmaron que se Zelaya Rosales retorna a Honduras sería sometido a la justicia. Desde Nicaragua el domingo 19 la canciller Patricia Rodas declaró que ya había vencido la espera.

Patricia Rodas informó que Zelaya Rosales cumplía en esos momentos su promesa de regresar a Honduras para dirigir personalmente la derrota de los golpistas.

Las tres centrales sindicales hondureñas lideran a los trabajadores para el lanzamiento de la huelga general nacional. Paralelamente, las agrupaciones del Frente de Resistencia Popular contra el Golpe de Estado decidieron proseguir con las manifestaciones en las calles, intensificar la tomas de puentes y bloqueos de carreteras. Miles de hondureños siguen en las calles, cercan los pasos, realizan mítines y actos de desobediencia civil.

Junto al glorioso pueblo hondureño y al presidente que los honra estaremos todos los hombres y mujeres honestos de América y el mundo. Sabemos que la insurrección popular se hará sentir en cada rincón de Honduras.

[I] Luis Hernández Navarro: La conversión de Manuel Mel Zelaya, La Jornada, México, 8 de julio de 2009

[II] Bloque Popular: “Manifestamos al Pueblo Hondureño. www.informa tico.com/index.php?scc

[III] Rafael Alegría: La conversión de Manuel Mel Zelaya, www.nodo50.org/

[IV]Fidel Castro Ruz: Reflexiones de Fidel, Muere el golpe o mueren las constituciones, Cubadebate, sábado 11 de julio del 2009

[V] Frente Nacional contra el Golpe de Estado: Comunicado No. 1 A la comunidad nacional e internacional comunicamos, http://contraelgolpedeestadohn.blogspot.com

[VI] Diputada de Unificación Democrática denuncia persecución a legisladores, 29 de junio del 2009,

[VII] Agencia Bolivariana de Noticias: Bases del Partido Liberal hondureño rechazan gobierno ilegítimo de Micheletti, 14-07-09, http://www.abn.info.ve

[VIII] Movimiento social paraliza Honduras, Honduras Laboral, Viernes 17 de Julio de 2009, http://honduraslaboral.org

[IX] Blog del Movimiento Social Nicaragüense:¡Campaña mediática busca crear terror y justificar masacres en el país!, viernes 17 de junio del 2009, http://porhonduraslibre.blogspot.com